Nos acostumbramos rápidamente a la procelosidad del metro de Tokyo y tras superar la prueba del laberito de pasillos en la estación de Otemachi cogimos la linea Tozai hasta Kayabacho, donde aprovechamos la correspondencia con la linea Hibiya para plantarnos en Minowa, supuesto emplazamiento del hotel Matsushima, en unas 7 estaciones. Y allí estabamos Charlie y yo, en la inmensidad de los barrios residenciales del noreste de Tokyo. Para poneros en precedentes, he de deciros que en Kyoto tuvimos un cierto problema con la localización del hotel porque se me olvidó imprimir el mapa (no os olvidéis de estas cosas en vuestros viajes, por favor, uno es que a veces sucumbe a la empanada). Con Tokyo no tuve la misma mala fortuna y tenia un mapa dispuesto a ayudarme a encontrar el camino.
Charlie, cuando salimos del metroY, ¡sí! Efectivamente, el Hotel Matsushima existía exactamente donde decía el mapa que imprimí de su página web. Quieras que no, es un alivio que en los inicios de algo las cosas salgan bien, te anima. Entramos a la recepción y pongo en marcha el motor del inglés. Le explico que tenemos una reserva a nombre de mi amigo, lo comprueba, y le pide amablemente la tarjeta para cobrarle. La verdad es que una de las razones por las que nos daba mal rollo reservar este hotel, era que no pagabas previamente, así que realmente nada salvo su palabra de que te reservarían la habitación te garantizaba que la tendrías disponible al llegar. En el caso de este hotel, e imagino que en el caso de muchos más, no hay ningún problema, tendrás tu habitación.
Pero claro, como era un día en que no todo tenía que ir bien, llegamos a las 13h y no podíamos hacer el dichoso check-in hasta las 15h. Así que dejamos las maletas allí y nos dimos una vuelta por el barrio. Cabe destacar que nos deleitamos por primera vez con el Katsukare. Al volver al hotel ya teniamos acceso a lo desconocido, la habitación 406 del Hotel Matsushima.
Introduje llave con su enorme llavero en el pomo de la puerta, la giré y entramos. Nuestra primera impresión fue que aquello era muy grande. Demasiado grande como para habernos salido tan barato el negocio, quizás. Hasta tenía tele con DVD con el que ver mogollón de películas gratis que tenian en recepción. Pero en fín, no era tiempo de fijarse en la habitación, porque al fin y al cabo lo que nos preocupaba era que existiera o no. Así que tras darnos una ducha rápido nos fuimos a dar una vuelta por Shibuya, que fue el primer sitio que se nos ocurrió, e imagino que a muchas de las personas que van a Tokyo por primera vez les pasará lo mismo. Shibuya es uno de los distritos mas emblemáticos y más animados de la ya de por sí animada capital. Otra razón de más para visitar este lugar, era para localizar a Hachikô, la famosa estatua del perrillo que esperó por su amo fallecido durante un decenio en aquel lugar; ya que al día siguiente teníamos una cita con una chica en ese mismo sitio.
Ya con noche cerrada regresamos al barrio, cenamos y volvimos a nuestra habitación. Fue entonces cuando empezamos a descubrir el "truco" de por qué tenía tanto espacio y al mismo tiempo era barato. En lo primero que nos fijamos fue en un pequeño problema en la distribución del espacio, por 3 razones:
- El lavabo estaba en el dormitorio.
- La taza de báter estaba en un habitáculo con menor capacidad que una cabina telefónica, y ademas era del tipo estándar, no de esos con tapa caliente ni con chorro a presión dirigido. La consecuencia principal: tenías que hacer tus necesidades con la puerta abierta, porque si no sencillamente no entrabas sentado.
- El cuarto de la ducha era un desperdicio de espacio, además, no tenía cortinas, lo que hacía que tras ducharnos eso acabara siendo un pantano y parte del agua saliera al pasillo. Llamaba la atención la presencia de un espejo a la altura de las rodillas.
Uno de los refrigerios que nos apretamos pal cuerpo en la habitación, pese a que supuestamente no se podía comer en los aposentos.
Pero lo mejor de todo estaba por ocurrir al día siguiente, cuando nos dimos cuenta de que no limpiaban la habitación, y tampoco nos cambiaron las toallas. A los tres días con la misma tónica bajé con las toallas a la recepción y la chica me miró como diciendo "¿Dónde vas con eso tan asqueroso?". Le pregunté que qué puñetas pasaba con la limpieza y me dijo que para eso teníamos que avisar previamente. Eso me sonó a "hay que pagar", y no estábamos en nuestro mejor momento monetario, asi que le dije "anda, dame otras toallas" y me volví p'arriba.
En cuanto a los DVD's estaban todos en inglés, como cabía esperar, pero lo que nos chocó fue la mala calidad de algunos que no eran otra cosa que screeners. En la página web pone que hay conexión a internet gratuita, y efectivamente así es: 2 ordenadores, uno de ellos maltrecho para toda la población del hotel. Debías ir a horas intempestivas o tener mucha suerte para no tener que esperar por unos minutos de red de redes.
Ahora analicemos detalladamente algunos aspectos de la habitación:

Hace un tiempo puse un fotolog para que mis amigos me ayudaran a descifrar que significa este... adorno de considerables dimensiones que amenizaba el paisaje de nuestra estancia. Nosotros lo llamamos Valair, porque por aquella época habíamos visto el famoso video este del presentador que se rie de sus invitados, y porque tenía forma de V el asunto. Mis colegas tenian diversas teorías: que era un Blauundweißfolterung (instrumento de tortura azul y blanco en alemán), que era una camara oculta, que era un euroconector de 1152 pines, que más bien se trata de un subgénero de Pop-art rural-cutre-nipón del tres al cuarto... Muchas eran las conjeturas pero una pregunta era clara, ¿qué les costaba no ponerlo ahí? Ah, y en las noches oscuras se podían oir voces desde el otro lado del portal interdimensional... algo asi como "AH-AH-AH-AH-AH-PIANOOO". Para helar la sangre, desde luego.
Para completar el analisis os ofrezco un documento audiovisual inédito hasta el momento.
Aunque os parezca raro, para nuestro próximo viaje a Japón, cuando nuestro camino pase por Tokyo, volveremos al Matsushima. Se le coge cariño, me recordaba un poco a mi habitación: un desastre. Y lo recomiendo a todos los que pasen por allí, por su bajo precio y por la localización, que aunque no estás en el centro de Tokyo, tienes la parada del metro cerca y con el buen transporte público de la ciudad te puedes mover rápidamente hacia cualquier parte.
Y aquí concluyen las Crónicas de Matsushima. Espero que al menos os hayáis reido un poco, entre bostezo y bostezo.
Pero claro, como era un día en que no todo tenía que ir bien, llegamos a las 13h y no podíamos hacer el dichoso check-in hasta las 15h. Así que dejamos las maletas allí y nos dimos una vuelta por el barrio. Cabe destacar que nos deleitamos por primera vez con el Katsukare. Al volver al hotel ya teniamos acceso a lo desconocido, la habitación 406 del Hotel Matsushima.
Introduje llave con su enorme llavero en el pomo de la puerta, la giré y entramos. Nuestra primera impresión fue que aquello era muy grande. Demasiado grande como para habernos salido tan barato el negocio, quizás. Hasta tenía tele con DVD con el que ver mogollón de películas gratis que tenian en recepción. Pero en fín, no era tiempo de fijarse en la habitación, porque al fin y al cabo lo que nos preocupaba era que existiera o no. Así que tras darnos una ducha rápido nos fuimos a dar una vuelta por Shibuya, que fue el primer sitio que se nos ocurrió, e imagino que a muchas de las personas que van a Tokyo por primera vez les pasará lo mismo. Shibuya es uno de los distritos mas emblemáticos y más animados de la ya de por sí animada capital. Otra razón de más para visitar este lugar, era para localizar a Hachikô, la famosa estatua del perrillo que esperó por su amo fallecido durante un decenio en aquel lugar; ya que al día siguiente teníamos una cita con una chica en ese mismo sitio.
Ya con noche cerrada regresamos al barrio, cenamos y volvimos a nuestra habitación. Fue entonces cuando empezamos a descubrir el "truco" de por qué tenía tanto espacio y al mismo tiempo era barato. En lo primero que nos fijamos fue en un pequeño problema en la distribución del espacio, por 3 razones:
- El lavabo estaba en el dormitorio.
- La taza de báter estaba en un habitáculo con menor capacidad que una cabina telefónica, y ademas era del tipo estándar, no de esos con tapa caliente ni con chorro a presión dirigido. La consecuencia principal: tenías que hacer tus necesidades con la puerta abierta, porque si no sencillamente no entrabas sentado.
- El cuarto de la ducha era un desperdicio de espacio, además, no tenía cortinas, lo que hacía que tras ducharnos eso acabara siendo un pantano y parte del agua saliera al pasillo. Llamaba la atención la presencia de un espejo a la altura de las rodillas.
Uno de los refrigerios que nos apretamos pal cuerpo en la habitación, pese a que supuestamente no se podía comer en los aposentos.Pero lo mejor de todo estaba por ocurrir al día siguiente, cuando nos dimos cuenta de que no limpiaban la habitación, y tampoco nos cambiaron las toallas. A los tres días con la misma tónica bajé con las toallas a la recepción y la chica me miró como diciendo "¿Dónde vas con eso tan asqueroso?". Le pregunté que qué puñetas pasaba con la limpieza y me dijo que para eso teníamos que avisar previamente. Eso me sonó a "hay que pagar", y no estábamos en nuestro mejor momento monetario, asi que le dije "anda, dame otras toallas" y me volví p'arriba.
En cuanto a los DVD's estaban todos en inglés, como cabía esperar, pero lo que nos chocó fue la mala calidad de algunos que no eran otra cosa que screeners. En la página web pone que hay conexión a internet gratuita, y efectivamente así es: 2 ordenadores, uno de ellos maltrecho para toda la población del hotel. Debías ir a horas intempestivas o tener mucha suerte para no tener que esperar por unos minutos de red de redes.
Ahora analicemos detalladamente algunos aspectos de la habitación:

Hace un tiempo puse un fotolog para que mis amigos me ayudaran a descifrar que significa este... adorno de considerables dimensiones que amenizaba el paisaje de nuestra estancia. Nosotros lo llamamos Valair, porque por aquella época habíamos visto el famoso video este del presentador que se rie de sus invitados, y porque tenía forma de V el asunto. Mis colegas tenian diversas teorías: que era un Blauundweißfolterung (instrumento de tortura azul y blanco en alemán), que era una camara oculta, que era un euroconector de 1152 pines, que más bien se trata de un subgénero de Pop-art rural-cutre-nipón del tres al cuarto... Muchas eran las conjeturas pero una pregunta era clara, ¿qué les costaba no ponerlo ahí? Ah, y en las noches oscuras se podían oir voces desde el otro lado del portal interdimensional... algo asi como "AH-AH-AH-AH-AH-PIANOOO". Para helar la sangre, desde luego.
Para completar el analisis os ofrezco un documento audiovisual inédito hasta el momento.
Aunque os parezca raro, para nuestro próximo viaje a Japón, cuando nuestro camino pase por Tokyo, volveremos al Matsushima. Se le coge cariño, me recordaba un poco a mi habitación: un desastre. Y lo recomiendo a todos los que pasen por allí, por su bajo precio y por la localización, que aunque no estás en el centro de Tokyo, tienes la parada del metro cerca y con el buen transporte público de la ciudad te puedes mover rápidamente hacia cualquier parte.
Y aquí concluyen las Crónicas de Matsushima. Espero que al menos os hayáis reido un poco, entre bostezo y bostezo.


1 comentarios:
Genial, me he descojonao con el vídeo XDDD qué grandes sois jaja Bueno, me alegro de que pese a todo lo pasárais bien ;) un saludo!
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