Hace tan solo unos pocos días que regresé de mi tercer viaje a Japón, pero me parece que este fue hace una eternidad. Cuando te subes a ese avión que cruza la Madre Rusia desde San Petersburgo hasta Vladivostok, y que cuando piensas que prácticamente ya has llegado al sobrevolar el Mar del Japón te llevas un chasco al comprobar en la pantallita de turno que aún te quedan casi dos horas para llegar, es como si viajaras otro mundo.
| Arco Iris visto al despegar del aeropuerto de Vantaa en Helsinki |
Da igual cuantas veces vaya, siempre me pasa: cada vez que viajo a Japón todos mis problemas parecen quedarse flotando sobre Siberia, para recogerlos intactos (y a veces con intereses) a la vuelta. Allí no pienso en las movidas del trabajo, no me planteo cosas sobre mi futuro, es como empezar (en este caso continuar) una vida nueva, interpretando un papel nuevo; es como salir de ese juego de los espejos en el que se convierte nuestra rutina, nuestro día a día. Me da miedo pensar en que, si algún día decido dar el paso de ir a vivir a Japón, esa imagen de dispensador de paz interior que tengo de él desaparezca. Bueno, no es que me dé miedo, es que tengo la certeza de que así ocurrirá si se da la situación, así que ahí tengo un asuntillo más al que darle vueltas.
| Tokyo y Fuji-san (al fondo a la izquierda) al atardecer desde Roppongi Hills |
Este tercera expedición se ha saldado con 2 borracheras y 6 visitas al karaoke hasta destruirme las cuerdas vocales, pero lo mejor de todo ha sido volver a ver (y conocer) a amigos muy especiales, día tras día. No tuve tiempo para aburrirme. Lo cierto es que cuando estás allí te parece que las cosas que vives son muy normales, y no valoras realmente la magnitud de lo que has disfrutado hasta que vuelves a tus quehaceres diarios.
| Río Dotonbori en Nanba, Minami-ku, Osaka |
Otra cosa que he notado es que, a diferencia de las dos ocasiones anteriores, sobre todo de la primera, no tengo esas incontenibles ganas de contarle a todo el mundo que estuve en Japón, o de darle una tremenda chapa a los incautos que me preguntan "¿Qué tal el viaje?", o de escribir mil entradas en el blog contando las cosas que hice o ví. De hecho, como curiosidad, en esta ocasión no grabé ningún video "didáctico" de aquellos que solía hacer (se pueden ver unos cuantos ejemplos en entradas antiguas de este blog). No es que me dé vergüenza, tal vez sea culpa de la desidia, o tal vez ya es un amor adulto el que siento por esas remotas islas, y prefiero guardarme nuestras intimidades para mí =P
| Panorámica de Toyokawa, Aichi |
Sea lo que sea, tengo claro que esta no será mi última vez.
Nos volveremos a ver pronto, 日本。
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